The Dark Side of The Llaima

The Dark Side of The Llaima

Al primer intento, me lesioné una rodilla; al segundo, se cerró completamente. Luego vino la erupción, pero esta vez finalmente lo logré… era la única cumbre de La Araucanía que tenía pendiente: el Volcán Llaima.

Por diversos motivos no lo había intentado, pero esta vez, la temporada ideal para subirlo ya estaba pasando. En verano, subirlo sin nieve es una lata, por lo que decidí hacerlo ahora.

Nos pusimos de acuerdo con mi amigo Miguel Pezo, quien por el nacimiento de su primer hijo hacia rato que no salía al cerro. Sería una salida por el día y la ruta elegida fue la más dura: desde el Centro de Esquí Las Araucarias.

Nos juntamos a las 02:00 de la mañana- cuando muchos estaban en la previa del carrete- y partimos en dirección al centro de esquí.

Una vez en el lugar, iniciamos inmediatamente los preparativos para la larga caminata que nos esperaba.

Siendo las 04:00 en punto, empezamos a caminar. Desde un inicio nos encontramos con nieve, pero sólo en algunas partes. Otros lugares ya no cuentan con este manto blanco que tanto nos atrae.

La nieve se encontraba en inmejorables condiciones para la progresión, era una nieve dura que permitía caminar con tranquilidad sin temor a caer y en aproximadamente 1 hora, ya estábamos al final de los andariveles.

Desde este punto se inicia el Plató del Llaima: una meseta de aproximadamente 2 kilómetros hasta la base del volcán, prácticamente sin desniveles. El transitar por este lugar fue sin sobresaltos, sólo deteniéndonos a comer, hidratar un poco y observar la ruta.

La ruta hacia la cumbre tiende a desviarse hacia la izquierda, donde se llega al inicio de un gran canalón que te lleva directamente a la cumbre, pero nosotros confundimos el lugar de inicio al canalón y nos dirigimos hacia otro que nos parecía más lógico, pero que se veía con un poco de pendiente mayor a lo descrito y observado en fotografías.

Como ya estábamos enfilados por esta ruta, llego la hora de ponerse crampones debido a que la pendiente era cada vez mayor.

Hacia el sur podíamos ver los volcanes Lanín, Villarrica y Quetrupillan. Ya empezaba a asomar el sol, pero nosotros permanecíamos en el “Lado Oscuro del Llaima”.

Luego de escalar un rato por una pendiente que rodeaba los 50°, llegamos al filo donde literalmente vimos la luz… el cálido sol hacía su aparición al igual que el famoso canalón de la ruta normal. Habíamos salido casi frente a la zona de fumarolas que quedan como a 45 minutos de la cumbre.

Aquí nos detuvimos a descansar y a comer un rato. Nos encontrábamos justo en el filo rocoso que separaba nuestra ruta de la normal- en el límite de lo oscuro y la luz- y con el viento que subía desde el plató se nos helaron las manos. Fue tanto el frío que nos dolían demasiado, intentamos un buen rato recuperar la temperatura, hasta que iniciamos nuevamente la caminata.

Desde este punto la pendiente ya no era tanto, pero gracias al deshielo, existían muchas grietas y puentes de hielo, que a pesar de no ser muy profundas, te podías fácilmente quebrar una pierna si caías en una de ellas.

La progresión fue un poco más lenta, pero constante, hasta que finalmente llegamos a la cumbre. Eran pasadas las 10:30 de la mañana.

Celebramos, miramos el paisaje y nos sentamos a descansar.

Observábamos el cráter luego de la erupción. Se encontraba con un tapón al interior y fumarolas surgían desde los costados, pero la mayoría sólo era vapor de agua. Llegaron las fotografías correspondientes y finalmente la hora de bajar.

La ruta de bajada en este caso fue la normal, casi sin problemas hasta salir del canalón. A esta hora el sol ya hacía estragos en nosotros y obviamente en la nieve, la que poco a poco se fue ablandando hasta quedar casi como merengue. Fue la parte más dura de todo el cerro, totalmente cansadora.

En medio del plató nos encontramos con unos randoneros. Fue un momento de conversación y de descanso, pero siendo sinceros lo único que queríamos era llegar pronto al auto y aún quedaba casi la mitad del camino.

La llegada a los andariveles indicaba que ya estábamos cerca… nos separaban uno 20 minutos del auto, agua helada, ropa limpia y un pasaje a casa.

Imagen de la variante a la ruta normal que utilizamos en esta oportunidad.

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